domingo, 30 de mayo de 2010

MADRES EN DUELO.RITOS FUNERARIOS Y LOS LÍMITES DE LA EMOCIÓN

Peter Paul Rubens (1577-1640): El banquete de Tereo

Cometarios extraídos del texto Madres en duelo de Nicole Loraux


“Demasiado próximas o demasiado lejanas, ancladas en el cuerpo del niño en un alumbramiento sin fin, o retiradas de las compañía de los hombres e inflexibles a sus ruegos , entregadas a sus menis, amor agobiante y odio asesino, armadas o desarmadas, no cabe duda de que las madres dan miedo y así se las viste de negro"


Cuando las madres están de duelo, la pasión irrumpe en la ciudad: en el dolor de madre siempre amenaza el exceso. Lo temible es la cólera que nace del dolor y puede afectar la estabilidad cívica. Como respuesta la política de los hombres griegos prescribe un rito funerario de límites estrictos para la emoción. Será en el escenario trágico donde encontraremos ese duelo materno transformado en actos, descubriendo el sufrimiento que causa la pérdida de los hijos y las consecuencias de la cólera nacida del dolor.

A veces los desbordes son imprevisibles y se conserva su recuerdo como advertencia para el futuro. Herodoto relata el día en que la representación de la tragedia de la toma de Mileto invadió las gradas haciendo llorar a todo el teatro. Se podía poner en duda la política de la ciudad de Atenas respecto de una ciudad hermana. Se multó al autor Frínico y se prohibió representar la obra y así ningún trágico volvió a presentar hechos actuales perturbadores. O sea ante el riesgo del afecto desbordado, la ciudad forja un aparato de leyes y las prácticas que pretenden darle forma y límites.

Así se pueden estudiar los ritos en los que la comunidad trata de circunscribir el pathos del duelo y nos da idea de lo que la ciudad teme porque nada garantiza que las ceremonias fúnebres basten para exorcizar la fascinación, el placer de las lágrimas y del tiempo suspendido que la epopeya evoca y que amenaza lo político.

La ciudad quiere vivir y perpetuarse y es importante que los ciudadanos no se desgasten llorando. Entonces expulsados tanto del Cerámico como del Agora los restos resistentes a todo tratamiento van al teatro, a distancia del centro cívico y la representación del duelo habita la tragedia porque el género trágico dramatiza lo esencial de las exclusiones efectuadas por la ciudad. Esto es así tanto para el duelo como para las mujeres.

El duelo y las madres, encuentro inevitable. Ya en la ciudad arcaica el duelo gimiente es femenino y por ello debe ser excluido. Es de temer la amenaza que para el orden cívico constituye el duelo de las mujeres.
Así se operan manipulaciones en la práctica ritual y en la política del mito para contener esa amenaza, sin lograrlo totalmente.

En la primera fila de las mujeres en duelo destacan las madres, tanto en la tragedia como en las organizaciones fúnebres. Mujeres o diosas, reinas míticas, no importa, todas sufren por igual.
Eso en Atenas porque en Esparta las madres son heroicas e inhumanas.
Únicas que reinan sobre sus hombres, las madres espartanas consideran que deben su posición al hecho de que son las únicas que conciben hombres y ante la muerte victoriosa del hijo muestran alegría porque ese hijo muerto le pertenecía tanto a ellas como a la ciudad.

En Atenas es donde se formula la ideología cívica de la maternidad, la mujer alcanza su finalidad (télos) dando a luz y la maternidad tiene rango de actividad cívica. Al dar a luz las mujeres procuran a sus esposos la perpetuación de su estirpe y sus nombres y así hacen posible la reproducción de la ciudad. Si el ciudadano es por definición un soldado, las madres tienen carga doble en las guerras, primero pariendo y luego enviando a sus hijos como soldados.

En el momento de mandar a sus hijos a la guerra las mujeres lloran.
Praxitea, en el Erecteo de Eurípides, reina trágica, odia a las mujeres que prefieren la vida de sus hijos antes que el honor. Es una extremista de la maternidad cívica, más ateniense que madre, se comporta como una espartana. Es la que transgrede la norma y accede a la muerte de una hija. Para los espectadores atenienses sería un ejemplo de exceso máximo.

En el Cerámico, ¿qué tipo de conducta se autoriza a las madres cuando sus hijos han muerto por Atenas? En el libro La Guerra del Peloponeso Tucídides da idea de la ceremonia que comprende la exposición, el cortejo fúnebre y el entierro. A las mujeres les está vedado ver los cuerpos y quedan excluías del cortejo por las calles de Atenas. Sólo aparecen en el Cerámico, único lugar donde se permiten sus lamentos. ¿Pero a qué mujeres? Sólo a unas pocas, las parientes incluidas las madres. En su famosa oración Pericles no menciona a las madres, aunque es cierto que al hablar de los nuevos hijos que aportarán al olvido de los hijos muertos se refiere a las mujeres fértiles. Pero no se menciona el dolor de las madres.

La ciudad con nombre femenino adopta papel viril como padre de los huérfanos asegurando su educación y su alimento. Sometiendo los funerales privados a limitaciones muy estrictas, la ciudad regula el duelo y el papel de las mujeres. Con la premisa de tomar medidas antiaristocráticas que apuntan al lujo y al derroche se limita el espacio de las mujeres nobles y de todas en las ceremonias. El duelo con liderado de carácter femenino debe mantenerse a distancia asignando a las mujeres y sobre todo a las madres un lugar lo más limitado posible. Ya sea en las leyes de Platón, en las reflexiones de Aristóteles, de lo que se trata es de velar por la estabilidad de la ciudad. Se prohiben los lamentos y los gritos. Desde Solón hasta Gambrio en Asia Menor. Solón les prohibió lastimarse la piel como hacían antiguamente las plañideras, los lamentos en verso, y gemir por otro. En el siglo V en la ciudad de Ceo el muerto debía trasladarse en silencio y las mujeres debían abandonar la tumba antes que los hombres. Sólo podían participar las mujeres mancilladas por su muerte o sea parientes cercanas, en primera fila las madres, la esposa, las hermanas, las hijas y otras cinco mujeres como máximo. En el siglo III la ley para las gentes de Gambrio empieza mencionando a las enlutadas que como las mancilladas dan la medida del duelo. La vestimenta debía ser gris (ni negra ni blanca), no tener manchas y la ley les da tres meses de duelo.

¿Cómo se controla el cumplimiento? Aparece la figura del Ginecónomo que debe velar por el cumplimiento de las leyes de duelo. Enlutado es sinónimo de afeminado y los hombres evitarán toda pasión en el duelo.
Odúne es el dolor intenso e interno de las mujeres a diferencia de la herida viril que sangra pero se cura. El ginecónomo regula la conducta de las mujeres y mira con cuidado los encuentros en las casas ya sean por bodas o velorios por la tentación que las mujeres pueden encontrar en ellos, lo mismo en las salidas fuera de la casa que reglamentan estrictamente. Lo ideal sería encerrar herméticamente el dolor femenino en el interior de la casa, sobre todo si la mujer enlutada es una madre que llora a su hijo. En Antígona la madre Euridice ante la muerte de su hijo Hemón se suicida como expresión máxima de dolor que no puede expresar en gemidos por la ciudad.

La solución masculina o al menos una manera cívica de asignar al duelo los límites era mantener a la mujer en el oikos. El duelo no debía contaminar a la ciudad y cuando así ocurría era señal de disturbios. Como ejemplo Terámenes reunió una manifestación de hombres enlutados que se dirigió a la Asamblea como si fueran parientes de los muertos en las islas de Arginusa y el efecto fue la condena a muerte de los estrategos de esa batalla. Así la ciudad se previene. No hay testimonios históricos de que las mujeres de regreso del Cerámico hayan invadido el Agora para pedir justicia (Madres de Plaza de Mayo). No se registra insubordinación femenina.
COLERAS NEGRAS: sólo las reinas míticas del teatro trágico pueden pasar del dolor a la cólera y de ella a la acción que puede llegar al asesinato. Así Aquiles dolorido por la muerte de Patroclo será comparado con una leona a la que el cazador mata a sus cachorros, (Il 18) , se desespera y una áspera cólera lo posee por completo y sus lágrimas anuncian el fin de la esperanza.

Esto nos conduce a las madres y a la noción de un dolor que no olvida y se alimenta de sí mismo, peligroso para su entorno, es el dolor transformado en desafío que lleva el nombre de memoria-cólera que desde la cólera de Aquiles los griegos denominan menis, negra como un hijo de la noche, terrible y perdurable, se repite sin acabar jamás e instala un siempre inmóvil rivalizando con la acepción política de una continuidad que nada debe perturbar.
Veamos a Demeter: Perséfone, raptada por Hades, está como muerta para su madre y al igual que Hécuba herméticamente encerrada en su velo para llorar por la muerte de Polixena, la diosa se ha encerrado en un sombrío peplo que la aísla del mundo. Así encerradas en sus peplos es el equivalente de la transformación en piedra de Niobe. La Niobe homérica pierde a sus doce hijos y a su alrededor el mundo se petrifica durante 9 días, vuelve a la vida, ingiere alimentos y luego vuelve a ser por siempre una piedra que llora y recrudece su duelo infinito (contar historia). Así Aquiles evoca el dolor que no se interrumpe sino para tomar más fuerza.
Volviendo a Demeter se aísla en su dolor-furor rechazando la sociabilidad divina de la asamblea de los dioses para alcanzar al mundo de los hombres, sus ciudades y sus trabajos. Parada en el pozo de las vírgenes, semejante a una vieja nodriza ha borrado toda huella de su maternidad. Remeter se recoge en su templo y en la tierra todo deja de crecer. Zeus tratará de acabar con esa cólera terrible de la diosa por los Inmortales y las embajadas se dirigen a ella como hacia Aquiles pero sin éxito. Pero Zeus insiste porque como padre universal de todos los dioses ha entregado a Perséfone a Hades sin el consentimiento de su madre, pero la cólera de Demeter dominará y todos los dioses desfilarán ante ella sin lograr nada. Demeter dice siempre no, pero es un no condicional, no cederá hasta ver a su hija, lo que da pie a una reconciliación que sólo se logra cuando Zeus manda a Rea, madre universal. La reconciliación se logra en los términos de Demeter. Notar que Rea reconcilia a Demeter, Tetis a Aquiles, lo que sugiere darle poder político a las madres. Hay otras versiones de Demeter, Demeter negra, Demeter Erinia donde la diosa recibe un culto en compensación de la pérdida pero nada puede compensar la pérdida de un hijo.
La madre de Aquiles, Tetis, obligada a casarse con un mortal, tiene el dolor de saber que su hijo va a morir porque así lo exige la hegemonía de Zeus. Homero desplazó el furor de la madre al hijo y como la cólera o menis materna es absorbida por la cólera de Aquiles, atribuimos al héroe una cólera de gran madre.
En el escenario trágico más cruel que la suerte de las madres divinas es la de las mortales, reinas triunfantes o desgarradas pero todas heridas en su maternidad. Cuando para compensar la pérdida las madres sólo obtienen la visión horrible del cadáver del niño, el duelo se transforma en cólera y luego en venganza. Y las madres matan, asesinan al culpable (siempre hombres) y luego a niños (los hijos del culpable).

Hécuba en Eurípides ha sufrido la muerte de Polixena pero es la vista del cadáver de Polidoro lo que la dispone a la venganza. Cuando le pide a Agamenón la ayuda de la ley armada en contra de los que matan a sus huéspedes y que él representa, éste se evade porque no le interesa convertirse en vengador de una troyana y entonces Hécuba pasa a la acción y lo hace con la ayuda de otras mujeres. Hécuba realiza un ergón de mujer y si las troyanas que matan con los alfileres son perras para Polimestor hay que recordar que la perra sólo es Erinia porque las perras son la maternidad en persona. Así la madre enlutada ha consumado su destino.

También Clitemnestra a quien se la califica de adúltera asesina, de perra adúltera, es toda ella resentimiento por el asesinato de Ifigenia y así mata con su propia mano al culpable, al esposo que no supo ser padre.
Veamos, Demeter, la madre de los dioses y Clitemnestra son madres a las que les han sustraído o matada las hijas. Demeter se reconcilia al ver a su hija pero Clitemnestra mortal descubre la muerte en su hija y mata al culpable. Así se suma al grupo de mujeres asesinas que son casi siempre madres asesinas que al igual que Medea matan a sus hijos para aniquilar al marido. Pero siempre matan a los hijos varones quitando al padre la perpetuidad de su nombre y su estirpe.
En la tragedia los griegos ponen a las madres en una ambivalencia terrible, en la que la cólera contra el esposo prima sobre la intimidad de los cuerpos con el niño. Por qué prima la cólera?

La venganza no toma la misma ruta cuando el hijo es varón o niña. 1- La madre jamás mata a una hija. Así aún cuando Electra y su madre se odian, ésta no la mata sino que la protegerá. Pero si el esposo mata a una hija sí matará al asesino. 2- Una madre asesina lo es de su hijo o hijos porque de lo que se trata es de herir al esposo.
La hija puede ser designada como odís nombre que remite al dolor del parto; el hijo podía ser denominado lókheuma producto acabado del parto, diferente ya de la madre y listo para ser civilizado mediante el reconocimiento paterno. No por casualidad Praxitea para quien las hijas son un sucedáneo de los hijos designa a éstas como lókheuma al servicio de los ciudadanos.
La condición humana tal como la presenta el mito y luego la tragedia, es cruel, la muerte es el fin inevitable y nada puede compensar el duelo. Un dolor excesivo pasa a la acción y en la tragedia significa asesinato; la madre vive con su hija en un circuito cerrado pero la cólera femenina amenaza al hijo porque representa al padre.
Acompañada por las Lemnias y las Danaides, asesinas de esposos, la madre asesina de un hijo alimenta el terror de los griegos por las mujeres. Esa madre terrible reviste la figura poética del paradigma del ruiseñor que fue madre y expresa el doble duelo de haber matado al hijo que amaba y de llorar por su pérdida y por su acción. El ruiseñor en su duelo es la figura emblemática de la desesperación femenina, sea o no una madre.

EL DUELO DEL RUISEÑOR: tragedia de Sófocles dedicada a Progne. Tereo rey de Tracia se casó con Progne, hija del rey de Atenas y por pedido de su esposa que extrañaba a su hermana Filomela fue a buscarla a Atenas; en el camino de regreso la viola y le corta la lengua para que no contara lo sucedido pero Filomela borda un tapiz contando lo ocurrido. Progne comprendió y con ayuda de Filomela mata a Itis, su hijo. Tereo persiguió a las hermanas que suplican a los dioses que las salven y fueron transformadas en ruiseñor y en golondrina. En la Odisea la madre no se llama Progne sino Aedon (ruiseñor) y es madre de un hijo y envidia a su cuñada Niobe madre de muchos hijos. En el acto de matar a los hijos de Niobe mata por error a su propio hijo. Es el encuentro del ruiseñor y la roca, madres las dos. Olvidados Tereo y Filomela queda el asesinato de Itis y el treno de Progne (llanto de mujer y canto de ruiseñor). Es un crimen de mujer.
El duelo de la madre se ha transformado en melodioso canto, se lo evoca como queja femenina.

En las Suplicantes de Esquilo lo evoca el coro de las Danaides que llorando por su propio destino evocan a la esposa de Tereo y cantan su doloroso canto. Las hijas de Danao se identifican con Procne porque lloran y no saben que también ellas llevarán a cabo otro de los grandes crímenes femeninos.

Todos los status femeninos pueden expresarse recurriendo a la figura del ruiseñor. Veamos a Penélope: es una madre pero sobre todo una esposa que llora por su esposo en sus largas noches de insomnio; su duelo evoca la figura de Abdón; pero su preocupación es su hijo cuando éste la induce a casarse de nuevo. El ruiseñor será evocado en la tragedia por doncellas o a propósito de ellas. Danaides, Electra, Antífona, Casandra. En el Agamenón son los ancianos quienes consideran a Casandra un ruiseñor, cuando canta un desapacible lamento por sí misma gritando Itis!

En la Electra de Sófocles se la compara con el ruiseñor y con Niobe y curiosamente esta hija ferozmente enlutada por su padre sólo parece encontrar equivalentes míticos en relatos sobre madres asesinas. También en Antígona de Sófocles se menciona el canto del pájaro cuando está desesperada ante el cuerpo desnudo de Polinices, lo mismo en Eurípides. Antígona llora por tres cadáveres, el de su madre y sus hermanos, pero a través de sus gemidos llora por su futuro.
Bajo el llanto y los gemidos femeninos se muestra el duelo y la desesperación de una asesina. Deberíamos pensar que se lleva luto por haber destruido y no solamente por la pérdida?. O más concretamente es como si para conjurar los sollozos de las madres, hubiera que convertirlas en criminales. Así el llanto materno es sospechoso, y al encontrar el odio se vería justificada la antigua desconfianza viril hacia el duelo de las mujeres.

El amor de los ciudadanos, como se expresa en la oración fúnebre de Pericles es enteramente para la ciudad. Y así Teseo prohibirá a las madres que vean a sus hijos muertos en combate para evitar que una visión tan perturbadora desbordarse los límites establecidos para el duelo.
La madre por excelencia es madre de una hija muy amada pero es la misma que matará a varones sea su esposo o hijos. El imaginario cívico puede extraer la conclusión siguiente: bajo el duelo y las lágrimas femeninas no hay inocencia, pues la mujer es siempre causa de sus propias lágrimas. Debido a ello, las madres griegas serían peligrosas y las mujeres nunca quedarían tan excluidas de la ciudad como cuando son madres.

Ahora bien, en la vida cotidiana a la comunidad cívica le gusta la calma y frente a esta forma de pensar lo femenino se arma un sistema de representaciones mucho más tranquilizador para el buen funcionamiento de lo político, en la medida en que permite actuar como si verdaderamente se confiara en las madres. Y así la Gran Madre reside en el Agora de Atenas de manera oficial. Es la prueba de que está aplacada.

LA MADRE EN EL AGORA: En el Agora de Atenas, espacio al mismo tiempo real y altamente simbólico de lo político de la democracia, hay un templo dedicado a la Madre. A la madre de los dioses, pero es madre genérica ya sea Rea o Demeter .

Un culto para aplacar la ménis de una madre divina ? La ubicación del templo en el centro de la ciudad es relevante. Linda con el bouleutérion, sede del Consejo de los atenienses, que es el responsable de garantizar el buen funcionamiento de la política democrática. Qué significa esa contiguidad entre el salón del Consejo y el templo de la Madre de los dioses? y no ocurre solamente en Atenas sino en otras ciudades. El Metroo así llamado el templo, alberga además los archivos públicos de Atenas. Así la madre monta guardia sobre toda la memoria escrita de la democracia, leyes, decretos, actas de juicios, cuentas. Inviolabilidad, verdad y justicia: al quedar resguardados en el Metroo, los archivos de la ciudad se ponen bajo protección de la Madre.

¿Es una madre justa ? es una madre que vive en régimen de dike; pues bajo el gobierno del rey, las decisiones jurídicas adecuadas implican alumbramiento por parte de las mujeres de hijos parecidos a sus padres. Según Aristóteles la justicia es para una mujer su cualidad de buena reproductora. Así dice que las hijas se parecen a las madres y los hijos al padre y da en tono de ciencia el fantasma de la raza de mujeres cerrada en sí misma. El término justa es merecedor de la madre conocedora de lo que la reproducción significa: reproducir al padre en una copia exacta a él sin que quede en el niño la menor huella de la que lo ha parido.

En definitiva ninguna huella de la madre, pero sí la huella del padre en el vientre materno, o sea la inscripción del padre. Algo parecido a una escritura.
En griego la marca se dice kharaktér, matriz es túpos: el molde que permite reproducir exactamente el modelo. Esquilo Suplicantes pag 90
En las Euménides, Apolo decía que la madre no debía ser considerada como la engendradora, puesto que sólo es la nodriza del germen sembrado en ella, al que preserva como una extranjera a un extranjero.

Fantaseada por un griego, la madre está marcada pero no marca y el cuerpo de la mujer , con su sexo en forma de delta, se convierte en tableta de escritura para el uso de los varones. Cuando el coro del Edipo Rey, abrumado por el incesto, le pregunta a Edipo cómo han podido soportarlo los surcos paternos en el cuerpo de Yocasta, hay que entender que la escritura del padre en la madre no puede borrarse.

La fórmula de los esponsales, en la que el objetivo de la entrega de la mujer consiste en una labranza de hijos legítimos nos da idea de la asociación entre la letra inscrita en la tableta y el surco en la tierra. Nos remite a Demeter.
Entonces cómo se puede interpretar la presencia de los archivos públicos en el templo de la Madre ? Si en una madre la inscripción del padre es una memoria imborrable, albergar las escrituras públicas en el Metroo implica colocarlas al margen de toda posibilidad de ser borradas bajo la protección y prohibición religiosa de toda degradación. El Metroo es para los archivos públicos como un cuerpo de madre en espera de la escritura del padre.

Así, aclimatada a la ciudad, la Madre de negras cóleras vigila las huellas de lo político, al igual que se considera que una madre guarda las marcas paternas inscritas en el fondo de sí misma.
Al igual que, como madre divina, Demeter vela por la fecundidad de las labores de labranza, en las madres humanas se inscriben los surcos fecundos de la reproducción.

Así es como la política trata de domesticar el exceso femenino, felizmente convertido en figura justiciera. Pero al pie de la Acrópolis con el nombre de Temibles, las Erinias, justicieras negras que luego se llamarán Benevolentes siguen protegiendo a la ciudad del derramamiento de sangre de ciudadano por otros ciudadanos y así se enfrentan con Apolo.

Al integrar a la Madre en el espacio cívico, se pensó seriamente en conjurar la amenaza de una justicia diferente, terrible, en la que la venganza de las madres amenazaría a los padres ?. Como sea, tratándose de madres humanas, cotidianas y domesticadas, civilizadas por el matrimonio y portadoras del escrito paterno, los ciudadanos parecen haber estimado que, en ellas, en lo más hondo del pesar, seguía que dando exceso suficiente como para que fuera necesario encerrar su duelo en los estrechos límites de una reglamentación.

Autora Rita Fernandez

BIBLIOGRAFIA

Madres en duelo. Nicole Loreaux Barcelona 2009

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