domingo, 6 de junio de 2010

FIGURAS FEMENINAS DE LA MUERTE EN GRECIA

Medusa, Caravaggio

Para referirse a la muerte los griegos disponían de un nombre masculino, Thánatos. Aparecía representado junto a su gemelo Hypnos, sueño, como un hombre joven portando casco y coraza. Cargando con el cadáver de algún héroe caído en batalla, alejándolo para que le sean rendidos los honores fúnebres. Los dos hermanos sólo se diferenciaban de los combatientes por las poderosas alas sen sus espaldas. El papel de Thánatos no consiste en matar sino en acoger al muerto, en hacerse cargo del que ha perdido la vida, no es terrorífico ni monstruoso. Thánatos adopta la forma propia del guerrero que ha encontrado “la bella muerte “, el perfecto cumplimiento de su vida: gracias a sus proezas, a la muerte heroica, el combatiente permanece para siempre fijado en la vida y en la memoria de los hombres, la epopeya celebra su nombre, las estelas en su tumba lo muestran para siempre en la flor de su juventud. Thánatos no representa el terrible poder de destrucción que se abate sobre los humanos, sino más bien ese estado diferente a la vida del que nadie puede escapar puesto que mortales deberán abandonar algún día la luz del sol para precipitarse en la oscuridad y la noche.

La muerte en su aspecto más horrible, como potencia terrorífica, es representada como figura femenina, encarnación de lo pavoroso: es el rostro monstruoso de la Gorgona cuya mirada convierte en piedra. Y es otra entidad femenina, Kere, maligna, horrenda, la que representa a la muerte como fuerza maléfica que se abalanza sobre los humanos para destruirlos, sedienta de sangre, tragándoselos para ser engullidos por la noche.

Thánatos no es tan tranquilizador como su hermano Hypnos porque es el que toma para siempre al hombre que ha elegido. No se puede escapar de él.

En cuanto a Kere, en La Ilíada sobre el escudo de Aquiles, la execrable Kere es representada sujetando a un herido y a otro aún sano y arrastrando por los pies a un muerto, con un vestido enrojecido de sangre de sangre humana. Il XVIII. Ya no es el ámbito de Thánatos que si bien es inevitable ofrece la posibilidad de una muerte heroica; es el territorio de las potencias malignas, de las siniestras furias llenas de odio sanguinario.

Thánatos estaría más cerca de la bella muerte, ideal de la vida heroica; en tanto Gorgona y Kere están próximas a lo que transforma a un ser vivo en cadáver y del cadáver en carroña, es lo repulsivo y horroroso.

Hay varias formas de que los vivos tengan presentes a los muertos. Es una estrategia social que convirtiendo a determinados difuntos en el pasado mismo de la ciudad, convocados por la memoria colectiva, intenta domesticar a la muerte, civilizarla. Es el papel de Thánatos. En cambio Gorgona y Kere son la confrontación brutal con ese más allá situado tras un umbral que pasa a otro lado al que ninguna mirada puede llegar, la nada, el horror de la noche.

Hay otras figuras femeninas de la muerte, como Sirenas, Harpías, Esfinges, las que al horror y el terror añaden la fascinación, la seducción. Son territorios donde Thánatos y Eros se entrecruzan y el combate a muerte del guerrero se mezcla con la atracción y la un ión sexual de hombres y mujeres.

Si nos remontamos al origen, en la Teogonía, el nacimiento de Afrodita precede al de los hijos de la Noche que llevan la muerte en sus nombres: Destino, Kere, Thánatos.

Afrodita encuadra con Eros e Hímero (amor-deseo) que desde el primer momento forman parte de sus privilegios, lo mismo que los encuentros amorosos y las charlas tiernas.

Por otro lado los hijos de la Noche parecen oponerse a ella. La Noche es junto a Erebo el poder salido del Caos, el abismo primordial. En La Ilíada el fantasma de Patroclo aparecido ante Aquiles se refiere al destino de difunto que le ha sido asignado: la horrible Kere ha abierto la boca para engullirme (Il XXIII). Esto demuestra que cuando Kere abre la boca para tragarse a alguien lo devuelve a la noche, al abismo originario.

Junto con las potencias sombrías y negativas, representantes de la muerte, de la desgracia, aparecen las bellas jóvenes llamadas Hespérides. En los confines del mundo donde el sol se pierde en la noche, estas vírgenes guardan las manzanas de oro. La localización es inaccesible, vigilada por un feroz dragón e indica que aunque Hera y Zeus se unieron en ese jardín, los mortales, si pretenden conseguirlo, deben atravesar la muerte.


En el linaje de la Noche, entre las diversas calamidades que ha engendrado, figuran Ternura amorosa y Engaño (Philótes y Apáte), dos entidades que se suponen el privilegio de Afrodita. Están además Luchas, Combates, Asesinatos y Matanzas, todas formas de muerte violenta, y vinculadas a ellas están Palabras Engañosas. En la Teogonía se explica que en el seno de Pandora Hermes puso los embustes y las palabras engañosas. Hay que recordar que antes de la creación de Pandora, no existía la muerte para los hombres, permanecían jóvenes hasta llegar a un dulce sueño. Así MUERTE y MUJER surgieron al mismo tiempo.

Esta relación de los poderes de la noche con las estrategias femeninas de seducción y los encuentros amorosos se describen en la Ilíada, donde se asemeja el encuentro cuerpo a cuerpo de los guerreros bajo el signo de Thánatos con el amoroso encuentro entre muchachos y muchachas. Se habla del íntimo encuentro de la guerra, la lucha cuerpo a cuerpo, de las armas y el deseo de saciarse de la carne del enemigo, blanca como la de una mujer Il XIII.

Eros por su parte, puede dominar a cualquier dios o mortal, es un encantador; cuando toma posesión de alguien lo arranca del mundo cotidiano para situarlo en otra dimensión; los griegos dicen que Eros rodea la cabeza con una especie de bruma, extendiéndola a su alrededor hasta cubrirlo. La muerte también cubre con un capuchón de oscura bruma, tapa los rostros.

Eros desune y quiebra los miembros, quiebra las rodillas a semejanza de la fatiga en el combate, lo mismo hace la muerte.

La presencia femenina por el deseo que emana basta para ablandar las fuerzas del varón, para quebrar sus rodillas. La femineidad atrayendo al hombre hacia ella con fuerza irresistible actúa como la muerte. Así Thánatos adquiere rostro de mujer, no terrorífico sino fascinante, atractivo y peligroso.

Se denomina Póthos al deseo capaz de quebrar miembros y no Hímero. Platón explica la diferencia entre ambos términos. Hímeros se refiere al deseo dirigido hacia alguien que está aquí, es el deseo que puede satisfacerse. Póthos es el deseo que apunta al ausente, el deseo que sufre sin poder calmarse, es la pesadumbre, la nostalgia. Es un sentimiento ambiguo porque implica a la vez el impulso apasionado hacia la presencia amada y el doloroso golpe de la ausencia, la distancia infranqueable. Póthos es el duelo. Cuando alguien muere sus allegados lo recuerdan constantemente como hiciera Aquiles con Patroclo. A fuerza de recordarlo, de evocarlo, logran hacerlo presente pero la presencia material se oculta, es un fantasma. Juego de ausencia y presencia por medio del duelo, es también la experiencia propia del deseo en el caso del amante, de su impotencia para poseer para siempre y por completo al compañero sexual.

Así el póthos funerario y el erótico se corresponden. Este tema aparece en Los Persas de Esquilo, las mujeres persas acompañaban a sus esposos a la guerra y lloraban enlutadas por el póthos que sentían por sus hombres muertos. En el Agamenón de Esquilo el póthos amoroso en relación a Helena gobierna el corazón de Menéalo y hace que pueble el palacio abandonado con los fantasmas de ella. Así en su esplendorosos encanto, irresistible e inasible, Helena resulta similar a las presencias del más allá, desdoblada entre sí misma y sus fantasmas. Representa a la horrible Kere, homicida y quedan reunidos el deseo y la muerte.

En el mito de Perséfone y de Helena el rasgo común es el rapto en brazos de algún ser alado que muestra que el amor y la muerte son dos aspectos de un mismo poder: Eros y Thánatos.
Los demonios alados, de pecho y rostro femeninos, como las Harpías, Esfinges y Sirenas eran representadas en las tumbas griegas para velar por los muertos. Las Harpías son potencias que arrebatan, monstruos femeninos que combinan el encanto con las garras de aves rapaces y son representadas tanto estrechando entre sus brazos a modo maternal algún difunto como atacándolo para descuartizarlo y devorarlo.

Hay dos episodios en la Odisea en que la figura femenina aparece como imagen invertida.

1- Las Sirenas: Circe le advierte a Ulises que si quiere huir de la muerte y de Kere debe huir de la seductora llamada de las Sirenas. Seducen a cualquier mortal del mismo modo que Eros y nadie puede regresar a su hogar. Las Sirenas están en un prado florido donde hay una montaña de huesos blanqueados por el sol junto con los cadáveres en descomposición. Su canto, su encanto las sitúa dentro del campo de la fascinación sexual, en lo irresistible del llamado erótico. Al mismo tiempo equivale a la muerte en su aspecto monstruoso, sin funerales, ni tumbas porque la descomposición del cadáver es al aire libre, sin ninguna concesión social. Cuando el navío de Odiseo se acerca queda atrapado por la clama como en una tierra donde la vida se ha esfumado. Las Sirenas ven pasar el barco con Odiseo atado al mástil y qué hacen entonces? Cantan como los aedos dirigiéndose a él como la gloria de los aqueos, lo inmortalizan como héroe viril, de gloria eterna y así Odiseo puede verse no como marinero afligido sino como será una vez que haya muerto, convertido en héroe de memoria eterna; le cantan la esperanza ilusoria para que se vea viviendo a plena luz del día como mortal y a la vez viviendo con el status de muerto heroico como si hubieran abierto las fronteras que limitan la existencia humana y pudieran franquearse sin dejar de existir.

Si le fuera dado al hombre en vida escuchar por adelantado el canto que ha de alabar su memoria descubriría no la bella muerte sino la terrorífica muerte, porque la muerte es un umbral que no puede atravesarse con vida. Así las Sirenas se asemejan a Gorgo y su horripilante mueca y su inhumano alarido.

2- Calipso: Calipso tiene un papel fundamental en la Odisea, inicia el relato. Atenea la denuncia ante la asamblea de los dioses como responsable de las desgracias de su protegido. Zeus envía a Hermes con la orden de que debe dejar que Odiseo retorne a su hogar. El amor de Calipso por un mortal se repite a lo largo del relato; en apariencia se trata del retorno o no del héroe a su país, pero en realidad lo que se ventila es la posibilidad de la vuelta al mundo de los hombres. “Ya habían llegado a sus moradas todos los demás héroes que pudieron salvar sus cabezas de la muerte “sólo él quedaba retenido por la fuerza por una diosa en las cavidades de su caverna: era la divina Calipso que ardía de deseos. Calipso deriva de esconder, es la que se esconde en las cavernas y la que esconde. No lo ha arrebatado ni raptado tal como hacen Eros y Thánatos. Naufragó en los confines del mundo, los dominios de Calipso, adornados de bosques y fuentes. Esta isla habitada por la diosa y el hombre apartada de todo y de todos, se encuentra en un territorio al margen, alejado tanto del mundo de los dioses como de los mortales. Es un lugar en ninguna parte donde Odiseo ha desaparecido, engullido sin dejar rastro y lleva una existencia entre paréntesis. Al igual que las Sirenas, Calipso canta con hermosa voz y lo seduce para que olvide a Itaca.

Olvidar a Itaca representa cortar con todos los vínculos que lo atan a la existencia y a los suyos que tratan de mantener su recuerdo. Pero en esa reclusión no puede gozar de la condición ni de vivo ni de muerto, aún vivo ha sido expulsado de la memoria humana, se ha convertido en invisible para los mortales, ha desaparecido sin gloria. Podría haber algo peor ? Qué le ofrece Calipso a cambio? Escapar de las desventuras del regreso pero eso es algo baladí , lo que le ofrece es la inmortalidad, dejar atrás la senectud y la muerte. Podría vivir con su compañera inmortal en el fulgor de la juventud, no conocer la decrepitud. Pero el precio a pagar por esa evasión de las fronteras de la condición humana equivale a renunciar a ser el héroe épico, no aparecería su nombre en la Odisea que celebre sus proezas, quedar en el oscuro olvido, quedar con los sin nombre, engullido por la noche.
Es el desprecio heroico de la inmortalidad lo que elige Odiseo. Para los griegos de la época de Homero lo importante no era vivir en ausencia de la muerte, impropio de mortales sino la permanencia en el tiempo indefinido entre los vivos gracias a la gloria conquistada en vida y al precio de lo único que no tiene precio: la vida .

Frente a la figura femenina que representa el más allá de la muerte, en su doble dimensión de seducción erótica y de tentación de inmortalidad, Odiseo prefirió la simple vida humana a la luz del sol y con el amargo sabor de la condición mortal.

Autora Rita Fernandez


BIBLIOGRAFIA

La Ilíada. Homero. Ed Losada 1977

La Odisea. Homero. Ed Terramar 2004

El mundo de Homero. Pierre Vidal Naquet. Ed FCE 2003

El individuo, la muerte y el amor en la antigua Grecia. Jean Pierre Vernant. Ed Paidós 2001

No hay comentarios: